La historia detrás del rostro de Lyn May ha sido durante años motivo de especulación, pero ahora es la propia actriz y bailarina quien ha decidido contar, sin filtros, lo que ocurrió cuando tenía apenas 30 años. En pleno auge de su carrera, la vedette que marcó una época en el cine mexicano enfrentó una transformación que cambiaría su vida para siempre.

UNA DECISIÓN QUE LO CAMBIÓ TODO
El momento que marcó su historia
Lyn May recuerda con claridad el momento en que todo comenzó. Era joven, estaba en la cima y no tenía necesidad de modificar su apariencia, pero la insistencia de dos mujeres la llevó a tomar una decisión impulsiva. Le prometieron realzar sus pómulos y, confiada, aceptó sin imaginar las consecuencias.
Lo que vino después fue completamente inesperado. No se trataba de un procedimiento común ni seguro. Aquella intervención improvisada la expuso a una situación extrema que marcaría su vida personal y profesional.
Una sustancia impensable
Según relató en entrevista con Nayo Escobar, lo que le inyectaron no tenía nada que ver con tratamientos estéticos. “Me inyectaron aceite de cocinar”, confesó. El proceso, descrito como rudimentario y alarmante, consistía en llenar un biberón y pasar el contenido a una jeringa para aplicarlo directamente en el rostro.
El impacto fue devastador. Su cara cambió radicalmente, alterando la imagen que el público conocía y admiraba. A pesar de los años y de múltiples intervenciones médicas posteriores, aquel episodio sigue siendo una herida difícil de olvidar.
EL COSTO EMOCIONAL DE LA TRANSFORMACIÓN
Pensamientos al límite
El cambio físico no solo afectó su carrera, también su salud emocional. En un momento en el que todo parecía ir en ascenso, la actriz enfrentó una crisis profunda. “Hubo un momento en que quería suicidarme”, reveló, recordando el dolor de verse al espejo y no reconocerse.
Aquella sensación la llevó a tomar una decisión radical: dejar de mirarse. “No me voy a ver más en un espejo”, pensó entonces, intentando escapar de una realidad que le resultaba insoportable.

Una lección para nuevas generaciones
Con el paso del tiempo, Lyn May ha encontrado una forma distinta de mirar su historia. Hoy, a sus 73 años, habla desde la experiencia y advierte a las jóvenes sobre los riesgos de alterar su cuerpo sin necesidad. Su mensaje es claro: la belleza natural no requiere intervenciones.
Aunque reconoce que no pretende dar lecciones, su vivencia la impulsa a compartir una advertencia honesta. Para ella, lo ocurrido no solo fue un error, sino una prueba de lo que puede suceder cuando se toman decisiones apresuradas.
“Les aconsejaría que no se hicieran nada, una jovencita no necesita nada, es bella. Lo más natural es lo más bonito”.
